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Levain Bakery





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Teléfono: +12128746080

La primera vez que presté atención a la palabra scone fue en una canción de los Monty Python, The Lumberjack Song, cuando tenía dieciséis años. Yo ya había estado varias veces en Inglaterra pero no identificaba estos dulces como algo típico de allí. Las personas que me alojaban durante el verano lo hacían más por el dinero que les daba la agencia que por el intercambio cultural. Tú rellenabas la inscripción soñando con un salón de té de peli de James Ivory y terminabas masticando brécol en una cocina de Ken Loach. Lo que conocí de Inglaterra en aquella época fueron familias con demasiados hijos, demasiados animales y muy pocos recursos; moquetas que nunca se aspiraban y cuartos con ventanas selladas que no se habían aireado en la vida. En el aspecto gastronómico, Inglaterra era el averno en todas las áreas salvo en la repostería, y de los bollos que se exponían las maravillosas panaderías, a mi yo preadolescente nunca se le ocurrió probar los scones, informes, duros, secos y no tan dulces como el resto. Sólo años después, gracias a aquel leñador travesti de los Python, los descubrí y caí rendida ante su cualidad pastosa y su textura deleznable. En Levain Bakery, en el Upper West Side de Nueva York hacen unos scones buenísimos y, como americanos que son, enormes. La especialidad, sin embargo, de esta tiendecita son las cookies, con particular atención a las de chocolate. Obsesos del cacao, no lo dudéis: éste es vuestro lugar.



Las Mil y Una Noches






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Teléfono: 915595785



El cuscús de Las Mil y Una Noches es delicioso. Merece la pena pagar los diecisiete euros que cuesta el Cuscús Real, el completo, el que lleva carne, verduras y pasas, aunque aconsejo pedirlo para llevar y ahorrarse la experiencia de comer en el local. Es bonito pero también es enorme y, si no está lleno de gente, te pelas de frío. Los asientos son incomodísimos: taburetes de base acolchada y un gran banco corrido pegado a la pared que te obligan a estar encorvada sobre la mesita baja. El hilo musical es lo peor, una suerte de Cadena Dial en árabe que sólo resulta entretenida si te dedicas a identificar, por las inflexiones de la voz y la tesitura, a los correspondientes Andy y Lucas, Niña Pastori y Camela de Oriente próximo.  

Las kebba, esas croquetas de carne especiada de la izquierda, fritas en aceite rancio,
no había quien se las comiera. El humus, sin embargo, estaba muy muy bueno. 



John's Pizzeria





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Teléfono: +12122431680
La cuenta, por favor


No se me ocurre ninguna razón para no ir a John’s Pizzeria si estás en Nueva York. Se encuentra en Bleecker Street, o sea que puedes echar la tarde enredando por el Village, ir a cenar directamente y tomar una copa en un lugar bonito, sin tener que salir del barrio. La comida es buenísima y muy barata. No es cierto que sólo sirvan pizza, también hay bocatas y pasta hecha a la italoamericana, con la receta que Clemenza le dio a Michael para cuando “tuviera que guisar para veinte”: unos ajos fritos en aceite de buena calidad, tomate natural y tomate en lata, salchicha, las desmesuradas meatballs, vino y azúcar. Todo el que ha sido alguien en el universo de la ficción mafiosa, desde Gandolfini a Sinatra, ha pasado a comer por John’s y tiene su foto colgada en algún rincón del local. Las pizzas, de superficie irregular, rugosa y crujiente, están hechas en horno de leña, tienen mil ingredientes para elegir y cuidado, 14 pulgadas (inches) son 35 centímetros, o sea que el diámetro de la pizza más pequeña es equivalente al de un balón de playa desinflado. Os dejo mi momento cinematográfico favorito relacionado con John’s Pizza: 


Market Diner






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Teléfono: +12122442888


La cuenta, por favor

Me gusta el Market Diner porque me recuerda a otro restaurante parecido que salía en Uno de los nuestros, aquel donde un alborozado Robert de Niro le contaba a Ray Liotta que a su buen amigo Joe Pesci le iban a hacer de la familia. Ambas cafeterías mantienen la decoración de los sesenta, las banquetas redondas y los asientos de sky de colores chillones y, aunque el de la película está en Queens y el Market Diner en Manhattan, los dos se encuentran ubicados en lugares cutres y sin encanto. El Market Diner está en Hell's Kitchen, un barrio donde De Niro ha pasado gran parte de su vida real y cinematográfica, y que cualquier día de estos se pondrá de moda para vivir. Ya no hay niños en cueros por la calle que se pegan un chapuzón cada vez que estalla una boca de riego, ni puertorriqueños que se matan a navajazos con irlandeses por disputas adolescentes. Lo que sí hay son enormes almacenes de mercancías que suministran todo lo que necesita la ciudad y talleres de reparación de deportivos y anuncios de prostitutas de lujo. O sea, que un mafioso de Jersey puede levantarse a buena hora, coger el ferry, tomar unos huevos con bacon en el Market Diner, pegarle cuatro tiros a un rival en la nave de enfrente, echar un polvo en el edificio contiguo, recoger el coche en el taller de abajo y volver a casa antes de la cena. Si no es esa tu ocupación, siempre puedes pasar directamente del desayuno a la Salvation Army que hay a dos manzanas, a comprar libros o ropa de segunda mano, y rogar por que el anterior dueño de la chaqueta de cuero vintage que te ha llamado la atención muriese de causas naturales.   


Barney Greengrass



Tortas de Inés Rosales, en el extremo
derecho de la estantería marrón.
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Teléfono: +12127244707

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En el escaparate de
Barney Greengrass hay un paquete de Tortas de Inés Rosales. Entre bolsas de pretzels y cajas de crackers, el “delicious snack” sevillano tiene un hueco en este carismático y centenario local, tan seguro de su identidad, que da la bienvenida a cualquier elemento que venga de fuera y tenga algo que aportar. Celebrando esta particularidad, Elvira Lindo, vecina del Upper West Side y cliente habitual, le dedica un bonito pasaje en su último libro, Lugares que no quiero compartir con nadie. Destaca también la escritora la variedad de historias de ficción que ha albergado este deli judío. Una de las más divertidas, a mi juicio, es el capítulo de 30 Rock titulado La Burbuja. En él, Liz Lemon queda para comer en Barney Greengrass con su nuevo novio, el Dr. Drew Baird, un hombre tan guapo que todo el mundo le pasa por alto defectos y extravagancias intolerables:

El comercio está dividido en dos zonas. Junto a la entrada, la tienda, con mobiliario de metal cromado, estilo años cincuenta, y dos inmensos mostradores repletos de bagels, bialys, frutas, conservas, encurtidos, embutidos y salazones para llevar. A la izquierda, el comedor, mesas y sillas de madera forradas de sky verde oscuro y paredes cubiertas con un mural que parece representar la Nueva Orleans de principios del XX; de nuevo, un elemento fuera de lugar que, sin embargo, no desentona en absoluto. Nos toca el camarero buenmozo, un cruce de Zachary Levy y Sacha Baron Cohen, que nos explica que Barney Greengrass es el rey del esturión, un pescado apodado el bacon del océano de tan sabroso como es. Decido probarlo al estilo de la casa, revuelto con huevos y cebolla, y acompañado por un bagel de semillas de amapola untado en cream cheese: un opíparo brunch desde cualquier punto de vista. 

“Spanish?” En la caja, al cobrarme, Gary Greengrass, el nieto del fundador, me suelta un chascarrillo tematizado: “¿No crees que las obras de Gaudí se parecen a las casas de los Picapiedra?”


Nos gusta tanto que volvemos un par de días después, esta vez, a la hora del almuerzo. En la mesa de al lado, tres hombres y una mujer, conversan mientras toman sus matzo soup. Aunque son discretos, se nota que los varones están embelesados con la chica: menuda, sin maquillar, con el pelo castaño y liso. Los cuatro parecen una versión contemporánea e indolora de La Cafetería, el cuento de Bashevis Singer, en el que los señores de los años cincuenta agasajaban y escuchaban el yiddish con acento de la delicada superviviente Esther, desconociendo la profunda perturbación que se escondía tras sus ojos color avellana.


Frangus





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Tel. 913003279
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El frango no churrasco es una delicia gastronómica muy difícil de encontrar fuera de Portugal. Ya ves tú, que tontería, dirá alguno, no es más que pollo a la parrilla: nada más lejos de la realidad. Eso que los lusos echan a las brasas son especímenes extraordinarios, tan pequeños y tiernos que, si te pilla con buen saque, puedes ventilarte uno entero sin pestañear. Además está el sabor: da igual que lo degustes en el centro de Lisboa o en una terraza algarvía, siempre tendrás la sensación de que acaban de asártelo con leña en mitad del campo.
Paulo me chivó el viernes por la tarde que habían abierto en su barrio un take away especializado en comida portuguesa que se presentaba bajo el nombre de Frangus. He tardado menos de cuarenta y ocho horas en probarlo, de tantas ganas como tenía. Los hay mejores, desde luego, pero en el país de los ciegos, ya se sabe. A partir de ahora tengo un imprescindible para esos domingos de chuparse los dedos; tan tierno, sabroso y barato como debe ser, con o sin piri piri. El local de Ribera de Curtidores es perfecto, además, para solucionar el almuerzo después de ir al Rastro.   



Xi’an Famous Foods






Cómo llegar
Tel. +12127862068

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Como todos sabemos, cuanto más cutre sea el restaurante chino, mejor estará la comida. A la sucursal de Xi’an Famous Foods de St. Mark's Place no le falta detalle: una docena de sillas descascarilladas y mal distribuidas, halógenos propios de una morgue de barrio marginal y una cocina al fondo que, como las pelis de miedo, provoca atracción y repulsión a partes iguales: la miras de hito en hito con la certeza de que, en cualquier momento, verás algo que te helará la sangre.
Junto a la mugrienta mampara, tomando comandas y cobrándolas, está Jason Wang, el heredero de esta franquicia que, quince años después de su fundación, ya cuenta con cinco locales en Nueva York. Lejos de vivir de las rentas, el joven de 23 años, recién graduado en Económicas, planea seguir expandiendo el negocio familiar. 
Alguien me dijo hace tiempo que la comida de la provincia china de Xi’an, picante y muy especiada, tenían un toque árabe. Lo recordé al probar los Spicy Cumin Lamb Noodles, el plato estrella que Jason te cambia por $7,00. La mezcla de cordero y cominos remite, indefectiblemente, al Mediterráneo. Mientras intentaba calmar con cerveza el palpitar de las paredes de mi boca (corrijo: la comida es MUY picante), pensaba en los coetáneos de Marco Polo: ¿a cuántos puñados de granos ascendería la permuta que aquel primer aventurero de Constantinopla estableció con un comerciante chino por un metro de seda?. “Esto se lo echas al cordero y te queda, ¡bah!, para chuparse los dedos”, le diría para regatear. Tenía razón el turco. El celebérrimo y televisivo chef Anthony Bourdain ha confesado que está enganchado a esta mezcla tan globalizadora, a la receta casera e informal (más que noodles es pasta cortada a jirones con pegotes de carne) de Xi'an Famous Foods. Yo también lo estoy. 

Katz's Delicatessen


Teléfono: +12122542246


“Han convertido esto en un circo”, me comenta en español Jay con una mueca de fastidio ensayada mil veces desde el otro lado del mostrador, al tiempo que unta de mostaza una rebanada de pan de centeno. Atraídos por el orgasmo fingido más publicitado de la Historia Katz’s recibe cada día ingentes manadas de turistas. Jay no puede tener más de veintiún años así que supongo que esa frase la ha oído en su casa toda la vida en boca de sus mayores, aquellos que llegaron a principios del siglo XX a Nueva York, en la época de la ocupación desde República Dominicana, cuando en el Lower East Side se hacinaban inmigrantes de todo el mundo. Los años que le echo a Jay son los que hace que se estrenó Cuando Harry encontró a Sally. Fue aquí, en Katz's, donde la pizpireta Meg Ryan le dejó bien claro al locuaz Billy Crystal que un tío no puede justificar su hombría a partir de los gritos de una compañera de cama porque “todas las mujeres lo han fingido alguna vez”:


Jay no deja de tener razón: es un espectáculo que los visitantes hagan cola para pedir sándwiches y platos combinados en un local que es demasiado grande y feo, además de bastante cutre. Eso era lo que yo pensaba mientras él terminaba de prepararme un doble mixto de pavo y pastrami, (las dos opciones de carne que elegían respectivamente ella y él en la película) acompañado por los tradicionales pepinillos encurtidos.

En cuanto le hinqué el diente al bocadillo abandoné el prejuicio de que solo el cine es el motivo por el que la gente se encarama en este local cercano a la Primera Avenida. Yo ya había probado el pastrami alguna vez, o lo que yo creía que era pastrami, y no me volvía loca. Claro que en mi ignorancia, sólo llegaba a conocer la versión “curada” del pastrami, la que sirven por ejemplo en el Carnegie Deli; resulta que no es un embutido, sino que el nombre hace referencia a la mezcla de especias con que se adoba la carne (derivación yiddish del rumano “a pastra” que significa “conservar” o “preservar”). En Katz’s no sirven la versión curtida del pastrami sino la carne adobada, cocida y cortada a cuchillo. El resultado son unos deliciosos filetes hebrosos, similares a un roast beef, pero con muchísimo más sabor. La mitad de pavo estaba muy rica pero se queda en nada comparado con este otro, que es razón más que suficiente para volver una y mil veces. En lo de elegir sándwiches era Billy Crystal quien tenía razón.


Akasaka





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Teléfono: 915417804 | 915476039


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Si no arriesgas, nunca descubrirás las sorpresas que esconde el restaurante chino de tu barrio. No me refiero al verdadero origen de la carne que te sirve, quién necesita más pesadillas, sino a esa receta peculiar, heredada de sus ancestros con la que nunca nos atrevemos. Yo un día decidí salir del arroz tres delicias, abandonar el pollo con almendras, decir adiós al rollito de primavera y no he tenido más que alegrías desde entonces. En Akasaka, te recomiendo los langostinos con berenjena y curry thai con un poco de arroz blanco para acompañar, y las tiras de buey crujientes. Asombrosos.   



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Fuente de deliciosa comida





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Teléfono: 915595175


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No tiene servicio a domicilio pero sí se puede encargar comida por teléfono y pasar a recoger.



The English Bakers





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Teléfono: 966463068


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Soy una de esas pocas personas a las que les encanta la comida británica. Si no fuera porque no quiero terminar con lorzas a lo Bridget Jones me alimentaría a base de pies de riñones, pollo desmenuzado regado de salsa marrón, baked beans, bollos rellenos de mermelada y custard cream biscuits. Bien es cierto que, salvo el Beef Wellington de mi amigo David, nunca he disfrutado de nada parecido a la “alta cocina inglesa”, si es que existe tal cosa; es decir, todo son quitahambres o directamente chucherías preparadas, unas y otras, con un exceso de mantequilla intolerable. Resulta irónico que, siendo una de las gastronomías más denostadas cuente en nuestro país con un número tan alto de establecimientos monográficos. Todos, eso sí, concentrados en la costa y frecuentados, casi en exclusiva, por la comunidad guiri retirada: esas señoritas Marple de nuevo cuño, que siempre van de dos en dos, estudian con atención desmedida el Daily Mirror y dicen “dear” y “lovely”  todo el rato, y esos viejales llenos de tatuajes que siguen llevando un pendiente en la oreja bien pasados los sesenta tacos y que añoran, desde una terraza a pleno sol, aquellas broncas en el pub, mientras su calva se va poniendo cada vez más rosita.

Hoy he echado la mañana en Jávea, currando en un velador mientras disfrutaba de un auténtico English breakfast: Huevos, tomate, beans, champiñones, salchichas y té. The English Bakers tiene, además, toooooda la gama de tarts, scones, crumbles y cakes, dulces y salados. Un rinconcito de Sussex junto al Mediterráneo.



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Pizzeria Due Torri






Teléfono: +39051271958

Quitarse el hambre en Bolonia

En el Due Torri la porción de pizza cuesta un euro con cincuenta. La masa no es, desde luego, esa torta horneada de forma cariñosa de los ristorantes de postín, pero le da sopas con honda al Telepizza. Además, los ingredientes son ricos y la grasaza que suelta la mozzarella no satura; por un poco más de dinero (no mucho), te la preparan con búfala. Punto obligado de los estudiantes es una muy buena opción también para los turistas que estén pateando el centro y que prefieran dejar la gran panzada, vino, tiramisú y spresso, para la cena.

Magnolia Bakery




Teléfono: +12124622572



Llevo todo el fin de semana soñando con las cup cakes del Magnolia Bakery. Desde que dejé de fumar me dan ataques de hipoglucemia y yo, que nunca antes había tomado postre en mi vida, necesito meterme un atracón de dulces entre pecho y espalda. He visto cuarenta millones de recetas en Youtube y ninguna revela cuál es el ingrediente secreto que las hace tan adictivas. Porque no es una simple magdalena con crema dulce encima. Después del primer mordisco, y aunque estés llena a reventar, quieres otra y otra y otra. Menos mal que no las tengo a mano porque si no terminaría protagonizando mi propia versión de “El dilema”, gorda cebona como Russell Crowe, demandando en los tribunales a las dueñas por atrofiarme las arterias con azúcar y mantequilla.

Típico "quinqui" del West Village
 La culpa de todo, claro, la tiene la tele. Me topé el otro día con el capítulo de "Sex and the City" en el que Carrie le cuenta a Miranda que ha conocido a Aidan mientras devoran sendas Barbie cupcakes sentadas en la puerta de la neoyorquina pastelería. Como casi todo lo que tiene que ver con esta serie (de la que sigo siendo fan absoluta) lo vulgar se convierte en trendy, y de nuevo me apeteció ir corriendo a Manhattan a charlar de fruslerías con la boca llena, dejando que trozos de bizcocho se me caigan literalmente de la boca.

Aunque parezca que lleva ahí desde los tiempos de la huerfanita Annie, la solera de Magnolia Bakery es de mentira. Abrió sus puertas en 1996 y casi de inmediato se convirtió en un must de la vida manhateña. El asiento de madera que aparece en la serie no existe y todo lo que sirven en la tienda, incluido el café, es para llevar. Pero justo enfrente hay un parquecito con bancos y mesas de piedra donde las treintañeras y mariquitas del SATC Tour degustamos nuestras “mucho más que magdalenas”. Y aunque es cierto que hay horas del día en que las colas dan la vuelta a la manzana, si vas entre semana a desayunar, estarás en el parque a tu aire y tan agusto, sólo acompañada por los borrachos del barrio.