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Frizzante (Hackney City Farm)





Cómo llegar
Teléfono: +442077296381 ‎



Este año nos vamos a hartar de especiales sobre Londres. Guías gastronómicas, nuevos lugares de copeteo y de recreo variado forrarán los suplementos dominicales, las webs y las hojas satinadas de las revistas que aún sigan llegando al kiosco. Yo quiero aportar mi parcelita, así que ahí va la reseña de un lugar muy peculiar que descubrí una lluviosa mañana de primavera.
Andaba de mercadillo por Brick Lane con @begonaperezUK, cuando decidimos encaminar nuestros pasos hacia su barrio, Hackney, antigua zona pobre del noroeste de la ciudad pegada al East End y, como él, también recuperada a golpe de cultura bohochachi. Hete aquí que, a medio camino, nos topamos con una granja. Así es, como una puerta ultra dimensional que comunicara directamente la capital del Támesis con Portlandia, allí estaba, el paraíso dominical de cualquier progenitor urbanita con cargo de conciencia. Un espacio donde disfrutar de un excelente brunch cocinado con productos frescos y tener a los enanos entretenidos al mismo tiempo. Por una mañana, aquellos desaprensivos que hayan decidido criar a sus hijos en el centro de una ciudad o que prefieran llevarles de vacaciones a tragar monóxido de carbono en una capital civilizada en vez de explorar una montaña salvaje, paliarán su sentimiento de culpa viendo cómo sus nenes reconocen al burrito, a la gallina, al cerdo, y cómo les modelan con cerámica una taza de recuerdo. 

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Cena en una antigua taberna del East End


Nuno Mendes, más bonito que sabroso

The Cat and the Mutton





Teléfono: +4402072545589


Salsifí, escorzonera, tarinetes, ¿alguien sabe de qué hablo?

El paseo desde el hotel donde nos tenían alojados, el Town Hall, hasta el lugar que habíamos elegido para cenar fue lo bastante corto como para no cansarnos pero suficiente para despejarnos la cabeza después de una intensa jornada laboral. Unos quince minutos de caminata tranquila, con las solapas subidas y las manos en los bolsillos, disfrutando del confort que proporciona un abrigo ligero en este otoño sin excesos a principios de diciembre en Londres.

The Cat and the Mutton lleva abierto desde el siglo XVII cuando, según su página web, era el establecimiento de referencia para los pastores y labradores que acudían a vender su producto a la capital. Los muros de ladrillo superaron la degradación y el empobrecimiento en la que se sumió el barrio durante la época Victoriana y ha resurgido hace menos de una década como ejemplo del tipo de locales que se oferta en el nuevo East End. El barrio de las putas, de las fábricas, de Jack el Destripador, es ahora uno más de esos emplazamientos multiculturales donde lo marginal se ha reinventado en cool.  
Una camarera, guapa de revista, nos condujo a una mesa de madera, larga y rectangular, que compartimos con tres parroquianos: o sea, jóvenes treintañeros, profesionales liberales, arreglaos pero informales. Probé los Steamed Mussels, Bacon, Leeks, Cream & Garlic, unos mejillones preparados al estilo belga, con salsa cremosa de cebollita picada, pero sin frites, y una deliciosa tosta de sardinas braseadas. Como plato principal opté por una chuleta de cordero con guarnición de verduras: concretamente, la Barnsley Lamb Chop, Roasted Salsify & Potato, Red Chard. Nunca antes, que yo sepa, había comido salsifí; en el plato lo confundí con una zanahoria primorosamente formada y no fue hasta que le hinqué el diente que me di cuenta de que era otra cosa, menos dulce, menos sabrosa, distinta… También llamada escorzonera o tarinete, según varias páginas que he consultado tiene multitud de usos medicinales y terapéuticos, aunque su consumo no está demasiado extendido. ¿La conocéis vosotros?

Corner Room (Town Hall Hotel)





Cómo llegar
Teléfono: +442078710460


En el restaurante del hotel Town Hall de Patriot Square el chef portugués Nuno Mendes, una suerte de gurú culinario del East End londinense, se afana por montar propuestas de vanguardia que estimulan mucho más la vista que el paladar. Todo es bonito en este minúsculo rincón, desde el conjunto de lamparitas retro hasta la composición de unos platos que, aunque imaginativos, no me impresionaron en absoluto. Buen ejemplo es el bacalao con porridge de almejas, donde la omnipresencia del perejil no permitía destacar al resto de ingredientes. Lo mejor de la cena, aunque sin aspavientos, el postre: uno profiteroles de calabaza, suaves, elásticos y refrescantes.