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Rosie’s Vineyard



Cómo llegar
Teléfono: 23 9275 5944









Rosie’s Vineyard ofrece todo lo que me puede apetecer un viernes por la noche. Un combinado de Hendricks y Edelflower Cordial para abrir boca, acompañado de queso, embutido y aceitunas, un trío de Jazz en directo, Beef Wellington con ración de verduras como plato principal y una amplia bodega donde elegir. En buena compañía, además, es una forma maravillosa de empezar el fin de semana.

(aged.)





Cómo llegar
Teléfono: 0012127120700

La cuenta, por favor



De día es un local más del Upper West Side donde lunchear o brunchear, monísimo y nada original, como esa obsesión por el little white dress que todas las tiendas de ropa tienen esta primavera del dos mil doce. De noche, sin embargo, la barra del (aged.) luce como una veterana de los años cuarenta, tan elegante bajo la luz dorada que entran ganas de echarse el mechón sobre el ojo y sacar la pitillera. Las ensaladas son enormes, las hamburguesas, muy recomendables y ponen aceite de oliva como aperitivo.





Ágora (Hotel Ada Palace)





Cómo llegar
Teléfono: 917011919

La cuenta, por favor

No sólo de Urban y Óscar vive el verano de Madrid. El centro de la capital está llenito de terrazas de hoteles con vistas espectaculares, combinados bien mezclados y servicio pretencioso. La del restaurante Ágora (Hotel Ada Palace) ocupa una de las esquinas de Gran Vía con Marqués de Valdeiglesias y tiene una cocina muy buena. Sirven menú cerrado todos los días, sobre veinticinco euros en las comidas y treinta y cinco en las cenas. Si decides explorar la carta, hay que tener en cuenta el bizcocho de boletus y los chipirones en su tinta. Pero, sobre todo, no dejes escapar el extraordinario risotto de calabaza, al que le sienta de maravilla la dulzura y la modorra de un dry martini perfecto.

Amber





Cómo llegar
Teléfono: +12127998100 ‎

La cuenta, por favor


Decepcionante restaurante, mezcla de Thai y Japonés, en el Upper West Side. De primeras, el sitio engatusa: es bonito, con muros de ladrillo visto y una cristalera muy aparente que hace esquina con la calle 70. Mientras te estás tomando tu Buddah’s Kiss fresquito en una copa de acero, un cruce estilístico de Sexo en Nueva York con Juego de tronos, empiezas a coincidir mentalmente con las críticas positivas que has leído antes de venir. El servicio es, en efecto bien majo y la falta de luz aliviada por velitas y puntos rojos le da un rollo muy peliculero. Aquí podría citarse un James Bond de los setenta con su contacto, la tía buena oriental que terminaría traicionándole tras el consabido revolcón. (Él, tapado hasta la cintura con las sábanas, prendería un cigarro, mientras ella, con las mejillas aún encendidas, el pelo revuelto, en braguitas y sostén, le encañonaría con una pistola, pequeña pero letal, que guardaba en su cartera…)
El encanto continúa sin sobresaltos con los entrantes, unos paquetitos de gambas, y alcanza el clímax al llegar el delicioso roll de langosta (Angry Lobster Roll), única razón por la que recomendaría este sitio. Pero con el plato principal, un curry verde de pollo cocinado con desidia, trozos irregulares flotando en una salsa sin cuerpo ni sustancia, todo el embelesamiento se desvanece. Al fin y al cabo, hemos venido a comer. Por no pensar en lo poco que te está gustando, mientras las hebras de la carne del ave se desmenuzan en tu boca de manera sospechosa, repasas la cena: el cóctel, a doce dólares del ala, llevaba más zumo que alcohol y los paquetitos de gambas son idénticos al wonton frito del chino de tu barrio. Recuerdas entonces las críticas negativas que decidiste ignorar: “no vale lo que cuesta”, “la comida no es para tanto”. Si es que, dejan opinar a cualquiera.