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Helios
Como ese tío que vuelve a casa sin comerse un rosco después de haber estado toda la noche invitando a copas a una hortera resultona. Así me siento yo cada vez que vuelvo del Helios, cabreada, frustrada, descapitalizada y sin la excusa de haberme llevado algo de calidad a la boca. Lo peor es que no escarmiento y vuelvo a caer engatusada por esa mezcla de casita de madera blanca con emplazamiento de morada regia, con ese encanto chic equivalente a saber combinar unos vaqueros con un Cartier. Esa fachada atractiva y desenfadada oculta sin embargo una esencia vulgar y mezquina. No hay camareros más desganados ni raciones más rácanas. Los arroces no los hace mal del todo pero, solo faltaba, estamos en Alicante. El resto de la carta es mediocre, y el embrujo de la estupenda vista a la playa de Les Rotes se va desvaneciendo a medida que tienes la sensación de que debes dejar el sitio libre rapidito para que lo ocupe el siguiente primo que vendrá a dejarse los cuartos.
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Helios

Cómo llegar
Teléfono: 965785318
La cuenta, por favor
Las endorfinas y el gato por liebre
(kubelick dice)
Sin obligación de madrugar, junto al mar, y con el único compromiso de llegar a tiempo para que no te levanten la mesa en tu chiringuito preferido no es necesario tirar de sustancias ajenas al propio cuerpo para colocarse. Las endorfinas se disparan cuando el sol se proyecta en vertical sobre las sombrillas. Si el suelo no quemara tanto, la euforia
En estas condiciones, ¿cómo vamos a juzgar si lo que nos sirven es lo que hemos pedido o la versión fast food que tienen reservada para los guiris de temporada? El vaso de cerveza sabe a Fairy y cuatro personas distintas han obedecido a la voz de mando que, en la cocina, ha ordenado que “¡hay que echar sal a la paella!”, pero nos da igual. Somos como un grupo de quinceañeros tras un intensivo de hachís y Manu Chao, relamiéndose ante un emplasto de macarrones, tomate y atún como si fuera un Beef Wellington. No queremos pinchar el globo, así nos tragamos la verdad entonando el “¡qué gozada!”, puestos hasta arriba de Mediterraneo.
Yonqui perdida, seguiré yendo al Helios aún a sabiendas de que me están tangando con la comida. La acusación no es gratuita: un día que estaba nublado comí una estupenda paella valenciana.
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