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Shake Shack




Cómo llegar
Teléfono: ‎6467478770

La cuenta, por favor 

El calor en Nueva York en verano es insoportable. A unas temperaturas desproporcionadas se une la combustión de los coches, los vapores del metro, los efluvios de los almacenes subterráneos. Reconozco que todos esos detalles, cuando corre el aire, me resultan pintorescos e incluso atractivos, pero la humedad caliente de la isla vuelve los paseos pegajosos, pesados y sucios, y tengo la sensación permanente de que voy a echar a hervir en cualquier momento. Siempre habrá quien te diga que el invierno cerrado es peor, y, oye, va en gustos, pero yo recomiendo ponerse a cubierto cuando el termómetro Fahrenheit ronda los cien grados. Un buen plan, si además has decidido visitar la ciudad con críos, es echar medio día en el Museo de Historia Natural. Los enanos se lo pasarán pipa con los bichos, fliparán con la ballena que se tragó a Pinocho y sentirán la tentación de liarla parda, al estilo de Katharine Hepburn, con las reproducciones de los dinosaurios. Justo a la vuelta de la esquina, hay un Shake Shack, otro gran hito de la creación digan lo que digan los nutricionistas. Aquel que combinó por primera vez las hamburguesas con batidos, gracias, estés donde estés. Eres un ídolo personal mío y de legiones de niños que, como yo, piensan que esa combinación de dulce y salado es algo colosal. Los padres, además, pueden reivindicar su condición observando cómo preparan las hamburguesas de sus churumbeles: la cadena de manipulación, esa que los macdonalds y burgerkings ocultan a los clientes con paneles y mostradores, está en Shake Shack a la vista de todos. Otra cosa es que des por buena la (ridícula) afirmación de que lo que allí se sirve es sanísimo y libre de grasas saturadas. Es un garito de junkfood que sirve una carne notable, luminoso, agradable, bien acondicionado, mucho mejor que la media, que ya es bastante.





Popover Cafe





Cómo llegar
Teléfono: ‎2125958555 

La cuenta, por favor 

¿Qué demonios es un popover? Es un bollo hueco de masa muy fina, una especie de profiterol gigante, la interpretación yankee del del Yorkshire pudding. Aunque contó con numerosas interpretaciones en su llegada al América (lo cocinaban con calabaza, con cerdo, con ternera, con ajos, con especias) hoy en día ha pasado a ser un elemento de repostería donde el ingrediente fundamental es la mantequilla y se sirve como desayuno o merienda. En el establecimiento del 551 Amsterdam Avenue te lo ofrecen con una rica mantequilla de fresa y confitura del mismo sabor a conjunto con la bonita cafetería, que está adornada en rosa. Tienen WiFi gratis.





La Caridad 78





Cómo llegar
Teléfono: 212 874-2780

La cuenta, por favor


El impresionante patio alrededor del cual
está construido el bloque de apartamentos
del Apthorp es una de las localizaciones
reales de la película de Nichols.
La Caridad era uno de los restaurantes preferidos de Nora Ephron. La autora de Cuando Harry encontró a Sally destacaba este local como uno de los mayores atractivos del Upper West Side, barrio al que se mudó tras su traumático divorcio de Carl Bernstein. Como catarsis de su vida en común con el codestapador del Watergate, del deslumbramiento a los cuernos, escribió un libro que tituló gástricamente Heartburn (ardor de estómago) y también su adaptación cinematográfica, dirigida por Mike Nichols, protagonizada por Meryl Streep y Jack Nicholson, y rebautizada en España con otra metáfora de sobremesa, Se acabó el pastel. En un artículo para el New Yorker, Ephron recordaba aquellos días cuando huyó de Washington y se refugió en el majestuoso edificio Apthorp, en un sexto piso con ocho habitaciones y un precio de alquiler ridículo, que inmediatamente se convirtió en su sanctasanctórum. Diez números más abajo en la misma acera de Broadway, está La Caridad


También los fundadores de La Caridad salieron por patas de algo que, al principio parecía una buena idea, y luego resultó que no. De la China de Mao se fueron a Cuba (ya es tener puntería), de donde emigrarían de nuevo, diez años después, al estallar la Revolución Castrista para recalar en Manhattan a principio de los sesenta. El restaurante es un espacio luminoso y nada sofisticado, un comedor sencillo con carteles donde puedes leer los nombres y precios de la amplia oferta de platos cantoneses y criollos. Las especialidades son precisamente eso, platos típicos de uno y otro lado, así que no estamos hablando de un restaurante fusión. Claro que siempre hay una lista, como yo, a quien se le ocurre que por qué no, seguro que mezclar las dos cosas es una buena idea. Pues no. Pedí un plato de gambas guisadas acompañado de arroz y unos plátanos fritos. El camarero torció el morro, pero a mí me dio lo mismo. Este fue el resultado: 


Lo bueno de meter la pata en un restaurante como La Caridad es que el error no te cuesta demasiado caro (de hecho, es baratísimo). Si os pasáis por allí, no os tiréis el rollo y optad por chino o cubano, o por chino y cubano, pero no en el mismo plato. La tradicional ropa vieja con frijoles y plátano frito está muy buena y, cuidado, las raciones son enormes. 








Estihana





Teléfono: 2125010393




Estihana es un restaurante de la calle 79 oeste, japonés y kósher, regentado por un madrileño padre de nueve hijos (“los que manda Dios”, dice él...) y residente en Nueva York desde hace veintitrés años. La carta incluye platos de inspiración latina, como un delicioso roll llamado Dynamite. 

(aged.)





Cómo llegar
Teléfono: 0012127120700

La cuenta, por favor



De día es un local más del Upper West Side donde lunchear o brunchear, monísimo y nada original, como esa obsesión por el little white dress que todas las tiendas de ropa tienen esta primavera del dos mil doce. De noche, sin embargo, la barra del (aged.) luce como una veterana de los años cuarenta, tan elegante bajo la luz dorada que entran ganas de echarse el mechón sobre el ojo y sacar la pitillera. Las ensaladas son enormes, las hamburguesas, muy recomendables y ponen aceite de oliva como aperitivo.