Mostrando entradas con la etiqueta Taberna. Mostrar todas las entradas
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La Giralda



Cómo llegar
Teléfono: 649381076

En una de las bocacalles de la plaza de la Soledad, enfrente de donde, cuentan los mayores, estaba la Tienda del Burro, se ubica uno de mis sitios preferidos para tapear en Badajoz. Es una taberna, como tantas otras hay en la ciudad, regentada por gente joven que no esconde su devoción folclórica, taurina y religiosa, algo que sigue resultando desproporcionadamente exótico en nuestros días para los que vienen de fuera. Hacen una tortilla de patatas muy rica, bien cuajada y sequita, y unas costillitas adobadas en pimentón iguales que las que guisaba mi abuela. El secreto de ibérico lo presentan churruscado y pasado de sal, justo como a mí me gusta. Si tenéis ganas de completar el surtido de la tierra, tienen prueba de matanza. Suelo pedir un platito de salmorejo y una copita (bueno, una…) de rioja Martínez Lacuesta Reserva para aliviar las proteínas y compensar el empacho, bendito sea, de extremeñismo gastronómico. 


The Cat and the Mutton





Teléfono: +4402072545589


Salsifí, escorzonera, tarinetes, ¿alguien sabe de qué hablo?

El paseo desde el hotel donde nos tenían alojados, el Town Hall, hasta el lugar que habíamos elegido para cenar fue lo bastante corto como para no cansarnos pero suficiente para despejarnos la cabeza después de una intensa jornada laboral. Unos quince minutos de caminata tranquila, con las solapas subidas y las manos en los bolsillos, disfrutando del confort que proporciona un abrigo ligero en este otoño sin excesos a principios de diciembre en Londres.

The Cat and the Mutton lleva abierto desde el siglo XVII cuando, según su página web, era el establecimiento de referencia para los pastores y labradores que acudían a vender su producto a la capital. Los muros de ladrillo superaron la degradación y el empobrecimiento en la que se sumió el barrio durante la época Victoriana y ha resurgido hace menos de una década como ejemplo del tipo de locales que se oferta en el nuevo East End. El barrio de las putas, de las fábricas, de Jack el Destripador, es ahora uno más de esos emplazamientos multiculturales donde lo marginal se ha reinventado en cool.  
Una camarera, guapa de revista, nos condujo a una mesa de madera, larga y rectangular, que compartimos con tres parroquianos: o sea, jóvenes treintañeros, profesionales liberales, arreglaos pero informales. Probé los Steamed Mussels, Bacon, Leeks, Cream & Garlic, unos mejillones preparados al estilo belga, con salsa cremosa de cebollita picada, pero sin frites, y una deliciosa tosta de sardinas braseadas. Como plato principal opté por una chuleta de cordero con guarnición de verduras: concretamente, la Barnsley Lamb Chop, Roasted Salsify & Potato, Red Chard. Nunca antes, que yo sepa, había comido salsifí; en el plato lo confundí con una zanahoria primorosamente formada y no fue hasta que le hinqué el diente que me di cuenta de que era otra cosa, menos dulce, menos sabrosa, distinta… También llamada escorzonera o tarinete, según varias páginas que he consultado tiene multitud de usos medicinales y terapéuticos, aunque su consumo no está demasiado extendido. ¿La conocéis vosotros?

The Irish Rover





Cómo llegar
Teléfono: 915974811



Hoy tienen salmorejo en el Irish Rover, el pub irlandés de la Avenida del Brasil que sirve menú del día a los esforzados currinchis y ejecutivos de la zona, y a algún que otro huevón. Con un fuerte toque de cominos es de los mejores que he tomado en Madrid y la ración individual para llevar es tan generosa que da para que se sacien dos personas. El resto de la oferta, tres primeros y tres segundos, suele ser lo suficientemente variada como para encontrar algo apropiado para cada estómago; si no, siempre están dispuestos a pasarte un filete o una pechuga de pollo a la plancha, con patatas o ensalada. Antes de las 13.30 cuesta 9.50 €; después, el precio sube hasta los 10€. Si prefieres llevártelo sólo te costará 8.50 (sin bebida pero con postre). 

Taberna Alba's


 


  
Teléfono: 914738735


La cuenta, por favor


¿Quieres tomar tomates que sepan a tomates? Pues he descubierto un sitio donde sirven unas ensaladas con ventresca y cebolla dulce de poner los ojos en blanco. Nos llevó Fi a celebrar su cumpleaños hace unos días. Se llama Alba’s y es una taberna de las de toda la vida con raciones de chuparse los dedos. Está fuera (afortunadamente) del circuito cool “latinero” (lo que garantiza su pervivencia) y me contaba la anfitriona que también tienen un solomillo espectacular, así que habrá que volver. Los mencionados tomates, traídos directamente de Villa del Prado, son de cultivo ecológico. De ahí que te los cobren a precio de caviar, claro. Pero, ojo, lo valen y, además, la cantidad por bandeja en cada ración de Alba’s es el doble de la que encuentras en cualquier otro garito del centro. Está en el Pasillo Verde, perfecto para ir a cenar, tomarse el primer Gin tonic (los sirven con mucho mimo) y terminar meneando el esqueleto en el Painting the Monkey. 


La foto da pena pero, si no me
daba prisa, los tomates volaban


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El Sótano




Teléfono: 957941099


En el otro extremo de lo que te encuentras en la Sociedad de plateros, los camareros de El Sótano son jóvenes, buenrolleros y hipilongos. Los veladores techados ocupan buena parte de la Plaza de la Corredera; si llegas y está todo cogido solo tendrás que esperar unos minutos hasta que alguien se levante. En lo del salmorejo no hubo duda;  las tres jurados coincidimos, cuchara en ristre, que era el más rico. Además del mejor servido, en un mini perol monísimo con las preceptivas virutitas de jamón. Sus crujientes berenjenas, cortadas en armónicos bloques rectangulares y regadas con melaza en lugar de miel de abejas se quedaron a un voto de conseguir pleno, pero Celia tenía claro que las que las que más le gustaban eran las de Casa Pepe. Muy recomendable también la fuente de fritura de pescado.



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Casa Pepe de la Judería





Teléfono: 957420853


A un saltito de la Mezquita Catedral, en plena judería, podemos encontrar Casa Pepe. Su web se enorgullece, en términos muy folklóricos, de ser ese tipo de garitos que en tiempos inmemoriales emborrachaban a musulmanes poco ortodoxos al amparo de la discreción de los propietarios sefardíes. Ni Oslo, ni Camp David, ni niño que lo crió, hay que decirle a Hillary que se lleve a Netanyahu y a Abbas a Córdoba, a pegarse un buen atracón de berenjenas a la miel. Recortadas en forma de media luna (quizá en un homenaje a aquellos moritos embriagados de antaño) llevan añadidas alguna suerte de levadura que hace que la carne de la verdura se vuelva esponjosa y se funda perfectamente con el rebozado. En palabras de mi amiga Celia, “diferentes de preparación al resto, muy sabrosas, deliciosas”. 


Sociedad de Plateros




Teléfono: 957470304
              637081137


 

Prototipos del "cordobesismo" gastronómico
Precioso patio cordobés con camareros que hicieron la mili antigua, cuando Franco aún era Generalísimo. Tratan con displicencia a los jóvenes, sin ser antipáticos pero dejando claro quién manda, y casi te ordenan directamente qué tienes que pedir. En este link se puede echar un vistazo a la historia de un curioso espacio que nació hace más de 130 años para asistir al gremio de plateros durante la crisis económica de 1868. ¿Se tomarán los jóvenes del año 2.140 unas cañas en la Sociedad de Editores de Deuvedés?...
Es ese sitio donde suelen dejarse caer intelectuales y culturetas de visita en la ciudad. Además de disfrutar de unas berenjenas y salmorejo ejemplares, en esta visita aprendí a cómo meter en una frase el término “cordobesismo”. En serio.
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La Corchuela



 
Cómo llegar

Teléfono: 924220081

Dame aire con tu abanico

Cuando yo era adolescente y no había internet ni televisión de pago, los veranos en Badajoz duraban una eternidad. Si te tocaba un agosto sin ir a la playa sabías que los pocos que nos quedábamos estábamos condenados a vernos continuamente, porque a nadie se le había perdido nada en aquel paraje que se freía lentamente a 40 grados de temperatura media. Recuerdo un año en que la troupe de Belle Epoque hizo un descanso del rodaje que les tenía  acampados en Portugal y vino a tomarse unas cañas al núcleo urbano patrio más cercano que encontraron. “Qué petarda, Penélope Cruz” comentábamos las aburridas provincianas, verdes de envidia, mirando desde la otra esquina de la barra a la estrellita en ciernes. Aquel eventazo nos entretuvo durante meses pero fue un caso aislado. Nunca aparecía un turista despistado ni un artista exótico que buscara un destino poco convencional. Teníamos, eso sí, hordas de chavales de Elvas (Portugal) con trazas de solteros de posguerra y arrestos propios de un quinto de permiso. Una pesadilla hecha realidad: que te arrinconaran en la discoteca de verano Costa Oeste, envalentonados por el cubata de garrafón, mientras tus amigas seguían en la pista, ignorándote, moviendo las caderas “como un burro amarrado a la puerta del baile”.
 
Han pasado unos añitos y ahora resulta que todo el mundo pasa por Badajoz en verano. De camino al Algarve, a Lisboa, a Cádiz, cantidad de gente que conozco me ha comentado "he estado en tu tierra", justo antes de exclamar "¡qué calor!", con los ojos muy abiertos. Aunque supongo que a las púberes pacenses que se han quedado sin vacaciones ya les da igual si la gente viene o va. Ahora es el Cuore quien pone a parir a Penélope Cruz mientras ellas cuelgan fotos de Cristiano Ronaldo en el Tuenti para que las vean los quinientos contactos que solicitan ser sus amigos desde todos los rincones del planeta. Qué suerturdas.
 

Para los visitantes, dos cositas. Una, no, no os preocupéis, el termómetro del coche no se ha estropeado: ESA es la temperatura que hace ahí fuera. Y dos, no dejéis de tomar un buen plato de jamón en La Corchuela. Sita en pleno casco antiguo, ofrece opíparas raciones de especialidades de la tierra a un precio estupendo. 




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En busca del tiempo




 

Cómo llegar
Teléfono: 915230818

¿Restaurante o Tetris?


(felicis dice)

El otro día, Kubelick, servidor y unos amigos fuimos a En busca del tiempo, un clásico ya de nuestra chupipandi progre y cultureta. A En busca del tiempo ya vamos por inercia, sobre todo cuando no se nos ocurre adónde ir, y el otro día, después de zamparnos de pie unos mejillones, continuamos la manduca en este rincón en el que tantas cosas nos han pasado: encuentros familiares, broncas entre amigos, caceroladas pre-reflexión y revelaciones vitales post-despido masivo.


Para empezar, ya he dicho que veníamos de picar en otro lado, y de los seis que éramos, algunos iban más llenos que los otros. Mala cosa, pensé, porque en Madrid, si algunos no piden más que un refresco, el camarero te pone mala cara. Por otro lado, me dije, el En busca del tiempo tiene un rollo más de taberna, qué cojones, no es un restaurante de etiqueta, ahí llegas, te sientas, y te pides lo que te dé la gana.

Pero no. En busca del tiempo ya no es lo que era. Ahora es un restaurante madrileño más. Primero, a hacer cola (¡para una taberna!), y luego el tema de en qué mesa nos colocan. Y a mí que me dio por echar de menos aquellos tiempos en los que entrabas en un bar y te sentabas, y ya está!

Al encargado de colocarnos, cuando le dijimos que éramos seis, maldita cifra, se le llenó la cabeza de algoritmos, raíces cuadradas e integrales. Ostia, qué atrevimiento el nuestro, pensé, el de quedar para salir seis personas, y no cuatro, u ocho, o doce…

Al final nos colocó en dos mesas rectangulares inmensas, cuando en una hubiéramos cabido perfectamente. No sé si para fastidiar o como venganza por la demoníaca cifra. Y le digo al buen tabernero: mire usted, que es que sólo necesitamos una mesa, y además lo preferimos así. Y me contesta: ya pero es que entonces en la otra mesa no queda hueco para comensales y se queda sin usar.

Me di la vuelta alucinado. O sea, pensé, que esa mesa va a estar de sobra de todas las maneras, y de lo que se trata es de joder a los clientes para no descomponer el tetris personal que tiene el hombre montado con las mesas. Como si por dejar una mesa sin sillas dejara de pasar a la siguiente fase.

Así son las cosas. En un acto de rebeldía aparté la mesa sobrante y puse cara de “que se atreva a decirme algo, que se atreva”. Me refería al camarero, que afortunadamente no se atrevió. Después vinieron los huevos rotos (una sombra de los que ponían antaño), la carne de ciervo (escasa escasa) y otros pseudomanjares como recuerdo de ese pasado que nunca ha de volver. La cuenta, sin embrago, de sombra del pasado, nada. Algo así como el doble de lo que nos hubiera costado hace tres años.

Lo pienso, y el nombre del restaurante tiene ahora una ironía implícita que te cagas.

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