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Caldo Verde


Teléfono: +351213422091


A Caldo verde no se va a cenar. A este singular garito se va a tener una noche Lisboeta, de Barrio Alto y de fados, acompañada de un bacalao a la brasa, con guarnición de patatitas cocidas y verduras rehogadas en mantequilla. Se come a tientas: la tenue luz está dispuesta para favorecer los artistas que se van dando el relevo según avanza la velada. Jóvenes debutantes y grandes damas, de Amalia Rodrigues a Mariza, y vuelta a empezar. Hacia la mitad del espectáculo es el anfitrión, Antonio Paiva, quien toma el micro y da rienda suelta a su saudade. La comida es lo de menos; la experiencia es inolvidable.


Frangus





Cómo llegar
Tel. 913003279
La cuenta, por favor



El frango no churrasco es una delicia gastronómica muy difícil de encontrar fuera de Portugal. Ya ves tú, que tontería, dirá alguno, no es más que pollo a la parrilla: nada más lejos de la realidad. Eso que los lusos echan a las brasas son especímenes extraordinarios, tan pequeños y tiernos que, si te pilla con buen saque, puedes ventilarte uno entero sin pestañear. Además está el sabor: da igual que lo degustes en el centro de Lisboa o en una terraza algarvía, siempre tendrás la sensación de que acaban de asártelo con leña en mitad del campo.
Paulo me chivó el viernes por la tarde que habían abierto en su barrio un take away especializado en comida portuguesa que se presentaba bajo el nombre de Frangus. He tardado menos de cuarenta y ocho horas en probarlo, de tantas ganas como tenía. Los hay mejores, desde luego, pero en el país de los ciegos, ya se sabe. A partir de ahora tengo un imprescindible para esos domingos de chuparse los dedos; tan tierno, sabroso y barato como debe ser, con o sin piri piri. El local de Ribera de Curtidores es perfecto, además, para solucionar el almuerzo después de ir al Rastro.   



Casa da India / Varchotel










Casa da India..................... .Varchotel
...............................La cuenta, por favor
Cómo llegar  ..............................Cómo llegar
Teléfono: +351213423661 .............Teléfono: +351268621621
Caya

(kubelick dice)
De Portalegre, a Badajoz, a recoger al Guadiana, y vuelta de nuevo a Portugal, descanso en el embalse de Alqueva y parada final en el Atlántico, entre Ayamonte (Huelva) y Vila Real de Santo Antonio (Faro). Podría ser un trayecto en autobús pero no, este es el recorrido que traza el río Caya desde que nace hasta que desemboca en el mar. Pero si realmente existiera una línea regular de Portalegre a Ayamonte, los pasajeros del vehículo no se enterarían de si están en España o en Portugal hasta que recibieran el SMS de rigor: “¡Olá! Ligue através da Movistar” o “¡Bienvenido! Roaming más barato con Optimus”. Estas son las nuevas fronteras: el territorio está delimitado por la cobertura; el cambio de país en la Europa unida lo marcan los operadores de telefonía móvil.

Desde que allá por los noventa eliminamos los puestos de control en virtud de la europeización, las personas, como los ríos, pasamos de un lado a otro de la línea sin pedir permiso y sin darnos cuenta. Cuando una se ha criado en Badajoz pero vive en Madrid, a menudo se sorprende cuando le preguntan “¿has estado en Portugal?” ¿Que si he estado en Portugal? Si echo a andar por el campus no me entero de que he cambiado de país hasta que, según avisan los carteles, el Caya se convierte en Caia. A propósito de paseos por esa zona, un día de estos tengo que averiguar cuál es el lugar exacto donde Fernando VI le tiró los tejos a Bárbara de Braganza por primera vez. Que sé de buena tinta que, además de un sinfín de escarceos amorosos entre universitarios anónimos, el Caya/Caia también ha tenido su ración de celebrities.


Avanzar hacia Portugal sin que la Guardia Civil te diera el alto trajo consigo el fin del contrabando de café. Inherente a la vida en la frontera, esta práctica había sobrevivido y evolucionado con el paso de los años. Desde las hambrunas de la guerra hasta el abuso de la tarjeta de de crédito en los primeros híper, los pacenses evitaban el arancel aduanero oficial escondiendo la mercancía donde podían. Los pioneros, 1938, a la espalda, vadeando el río; los herederos, 1983, en los bajos del R5; empeñando, en ambos casos, un kilito del alijo para engordar la vista de los picoletos, y aprovechando la hora relajada de la siesta. O lo que es lo mismo, después de comer. Porque uno no se vuelve de Portugal sin haber comido.
El proverbial equilibrio entre la calidad y el precio de los restaurantes portugueses se mantiene aún hoy. Ojo, que todo lo malo se pega y los lusitanos conocen la práctica hostelera (arte en España) de sacar los cuartos al guiri: si no sabes dónde ir, pagarás mucho y comerás mal. Si te encuentras en la encrucijada de tener que decidir entre un restaurante pijo y uno cutre, elije el cutre. Un buen ejemplo lo tienes en la Casa da India de Lisboa. Puedes degustar un coelho no churrasco con las manos, con cerveja, y con gente que no conoces sentada a tu lado. La guarnición, la tradicional lisboeta: verduras rehogadas en mantequilla y patatas fritas.

Sin necesidad de encaramarte en el Cabo da Roca, otro lugar sin pizca de glamour ni falta que le hace: a mano derecha según se va a Elvas desde Badajoz, sin desviarte de la E90, cuando la ruta europea deja de ser la nacional 5 española para convertirse en la portuguesa nacional 4, pasados los enamorados y recibido el mensaje de Vodafone PT, tienes el restaurante del Varchotel. Frango na brasa con patatas fritas y ensalada, un par de raciones de bacalhau à Brás y la sublime tarta de galletas y nata de postre. Antes de marcharte, si no quieres ganarte el desprecio infinito de los anfitriones, no te olvides de tomar café. Un portugués no perdona que des por terminada la comida sin haber tomado café. No lo lamentarás. Mira que los granos de torrefacto se han dado viajes pero nunca han pasado consigo, al este de la frontera, la fórmula mágica de la infusión perfecta. Esa que parece no tener secretos para cualquier bar de mala muerte de la Lusitania occidental.

 
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