Katz's Delicatessen


Teléfono: +12122542246


“Han convertido esto en un circo”, me comenta en español Jay con una mueca de fastidio ensayada mil veces desde el otro lado del mostrador, al tiempo que unta de mostaza una rebanada de pan de centeno. Atraídos por el orgasmo fingido más publicitado de la Historia Katz’s recibe cada día ingentes manadas de turistas. Jay no puede tener más de veintiún años así que supongo que esa frase la ha oído en su casa toda la vida en boca de sus mayores, aquellos que llegaron a principios del siglo XX a Nueva York, en la época de la ocupación desde República Dominicana, cuando en el Lower East Side se hacinaban inmigrantes de todo el mundo. Los años que le echo a Jay son los que hace que se estrenó Cuando Harry encontró a Sally. Fue aquí, en Katz's, donde la pizpireta Meg Ryan le dejó bien claro al locuaz Billy Crystal que un tío no puede justificar su hombría a partir de los gritos de una compañera de cama porque “todas las mujeres lo han fingido alguna vez”:


Jay no deja de tener razón: es un espectáculo que los visitantes hagan cola para pedir sándwiches y platos combinados en un local que es demasiado grande y feo, además de bastante cutre. Eso era lo que yo pensaba mientras él terminaba de prepararme un doble mixto de pavo y pastrami, (las dos opciones de carne que elegían respectivamente ella y él en la película) acompañado por los tradicionales pepinillos encurtidos.

En cuanto le hinqué el diente al bocadillo abandoné el prejuicio de que solo el cine es el motivo por el que la gente se encarama en este local cercano a la Primera Avenida. Yo ya había probado el pastrami alguna vez, o lo que yo creía que era pastrami, y no me volvía loca. Claro que en mi ignorancia, sólo llegaba a conocer la versión “curada” del pastrami, la que sirven por ejemplo en el Carnegie Deli; resulta que no es un embutido, sino que el nombre hace referencia a la mezcla de especias con que se adoba la carne (derivación yiddish del rumano “a pastra” que significa “conservar” o “preservar”). En Katz’s no sirven la versión curtida del pastrami sino la carne adobada, cocida y cortada a cuchillo. El resultado son unos deliciosos filetes hebrosos, similares a un roast beef, pero con muchísimo más sabor. La mitad de pavo estaba muy rica pero se queda en nada comparado con este otro, que es razón más que suficiente para volver una y mil veces. En lo de elegir sándwiches era Billy Crystal quien tenía razón.


Barandiarán





Teléfono: 943422057


Al Barandiarán no se viene a comer: se viene a quitarse el hambre en un tiempo récord antes de lo que toque ver en el Teatro Principal.  ¿Traes hambre o capricho? Me ha preguntado el camarero dispuesto a orientarme en  la tarea de elegir pintxo. Hambre, hambre, le he dicho. La comida no es gran cosa y el local es decadentillo pero qué más da, estoy en el Festival a punto de entrar a ver una película.

Red Lobster





Cómo llegar
Teléfono: +12127306706


La cuenta, por favor


Esta es una imagen de la primera vez que fui a Nueva York.


Esa langosta de plástico promocionaba la cadena de restaurantes Red Lobster y debía seguir la misma ruta que los autobuses de turistas porque, allá donde fuéramos, el marisco sobre ruedas aparecía. Era el año 2000, yo no tenía ni un duro para gastar y comer era secundario. Por culpa de @arenasllop, mi camarada en aquel viaje iniciático, asocié durante años la imagen del crustáceo a “los mariscos de Sam Woo” por los que Woody Allen decía que merecía la pena vivir.

¡Qué mal comimos entonces! Qué reparo nos daba sentarnos en cualquier sitio y hacer el paleto: leer los precios de forma incorrecta, pedir demasiado, no calcular bien la propina y acabar fregando los platos… Como Mark y Joana en “Dos en la carretera”, terminábamos colando chucherías de extranjis en la habitación del hotel para calmar el ruido de nuestras tripas.

En siguientes visitas a Manhattan, siempre que pasaba por Times Square, tenía un reflejo pavloviano total cuando veía el enorme cangrejo colgado de la fachada del restaurante: empezaba a salivar convencida de que la langosta era el plato más apetecible del mundo. Claro que me daba reparo su condición de monstruo atrapa guiris, pero un día, sin meditarlo mucho, me lancé: iba a zamparme una suculenta langosta en el Red Lobster. Ahora ya tenía margen de crédito en la tarjeta y nadie me pondría la cara colorada si la cuenta se iba de las manos. 

Lobsterita!
No esperaba marisco de calidad. Esperaba la versión americana del marisco, algo muy grande, con rebozados y salsas: plástico adornado pero plástico sabroso. La cosa se quedó en plástico sin más. La famosa melted butter con la que acompañan todos los platos no es un aderezo de mantequilla, es grasa sin sabor y no le hace ningún apaño a un animalito que, si estuvo vivo en Maine en algún momento, fue encerrado en un vivero. Sin embargo, y a pesar de que aún recuerdo esa carne insulsa y enguachinada como uno de los grandes bajones culinarios de mi vida, la visita mereció la pena por un motivo: la lobsterita, o lo que es lo mismo, una pinta de margarita de fresa servida en copa, que me emborrachó lo suficiente como para no tomarme demasiado en serio el dispendio.

Five Front




Teléfono: +17186255559


Discreto restaurante, muy cerca del puente de Brooklyn. Perfecto para cenar después de haber visto la caída del sol paseando hasta la orilla derecha del East River. El patio trasero es precioso, un backyard  lleno de plantas y flores forrado con cañas de bambú; el entorno ideal para una noche de verano. La carta es sencilla y tiene postres ricos.

Para ver una galería de fotos del Five front de la New York Magazine PINCHA AQUÍ



Ostería dell' Orsa





Teléfono: +39051231576



Ruidosa casa de comidas atestada de estudiantes que en las noches de fin de semana hacen cola a la intemperie para conseguir un hueco en uno de los rústicos bancos de madera del comedor. Tiene una carta amplia y un menú del día asequible, todo a base de platos tradicionales del norte de Italia: pastas, “bisteccas” y mortadela. Los tagliatelle al ragu de la foto estaban tan al dente y  jugosos como parece.  

Lo que aquí llamamos salsa boloñesa allí lo denominan “al ragu”

Taberna del Postiglione





Cómo llegar
Teléfono: +39051263052


La cuenta, por favor







Atelier Belge






Cómo llegar

Teléfono: 915597503


La cuenta, por favor


Cual Hércules Poirot de la hostelería, al Atelier Belge podrían confundirlo con un restaurante francés si no fuera porque lleva el gentilicio en el título. Más allá de los moules- frites, estos centroeuropeos no tienen especialidades culinarias representativas del país y, de todas las influencias internacionales de las que se nutren para componer sus platos, la que más pesa es la gabacha. Esto no resta ni un poco de calidad a un restaurante que, si bien es pretenciosillo, ofrece una carta completa, muy cuidada y buen servicio.

El local es muy bonito, forrado en piedra con revestimientos en madera y con un ventanuco que da directamente a la diminuta cocina, donde el chef se afana en componer sus deliciosas propuestas. Supremos la raya a la mantequilla negra y el steak tartar acompañado de un cucurucho de patatas fritas. Conviene compartir los entrantes ya que las raciones son generosas. La vichyssoise es académica y los tomates rellenos de quisquillas suponen una alternativa diferente y fresquita. Fue un acierto rotundo seguir las indicaciones del jefe de comedor y acompañar la comida con un surtido de cervezas.