Barnaby's





Cómo llegar
Teléfono: 02392821089

La cuenta, por favor



Barnaby’s es caro, así que merece la pena aprovechar la oferta de menú de tres platos a elegir de la carta por £20 (poco más de 23€) que tienen de martes a jueves. Es el restaurante que todos recomiendan para “comer bien” en Southsea, para darte un homenaje, aunque a mí no me convenció del todo. La calidad de las viandas es muy superior en 69 y, además, es más barato.

Pechuga de pato Gressingham (un cruce entre el Mallard salvaje y el pato Pekín) con salsa de naranja acompañada de patatitas salteadas y verduras hervidas. 

Hecho en Dumbo




Teléfono: 2129374245


Aunque breve e improvisada, la visita a Hecho en Dumbo, un mejicano que se mudó de Brooklyn a la Bowery hace un par de años, me dejó un recuerdo fantástico. Había insistido Juan Mayne, socio de Punto MX y comedor disfrutón donde los haya, que no me lo podía perder, que era "maravilloso". No mentía. Intenté acoplar la agenda y reservar en barra del chef Danny Mena para probar el menú degustación, pero no sé qué tipo de maldición azteca tenía yo encima en esos días que no fui capaz de hacer un hueco. Sí pude, sin embargo, acercarme al happy hour una tarde que paseaba por Washington Square con mucha hambre y mucha sed. 

La fachada negra, con un gran ventanal, recuerda a los aparatos industriales de cocina que se venden expuestos en esa misma calle durante la mañana. Aunque ya todo Manhattan es residencial pijo, la Bowery se distingue de otros barrios por su toque rudo, industrial y metálico; para que os hagáis una idea, Hecho en Dumbo está a dos calles del CBGB, el Sión del punk donde Patti Smith, Los Ramones o Talking Heads baquetearon los setenta. Por dentro, el restaurante es otro almacén ciego de ladrillo visto iluminado con muy buen tino, con sillas desparejadas y paneles de rejas de acero. 

Regados con una michelada, picante y fresquita, se pueden degustar individualmente una selección de los sublimes antojitos de la carta a un precio soberbio, de tres a ocho dólares. Ojo, estamos hablando de porciones equivalentes a una ración moderada, ofrecidas con gracia y excelentemente cocinadas en un restaurante que no tiene, hasta el momento, ni una mala crítica en los medios especializados. Para todos los que aún pensáis que “Nueva York es muy caro”, apuntad bien y acertaréis: costra de res, servida en tacos caseros, a base de sabrosa carne (ecológica, al parecer) hecha al punto, un guacamole perfecto y un ceviche que me prepararon sin cilantro, por petición expresa (y de mil amores). La próxima vez pienso renunciar a estos lugares comunes de los restaurantes mejicanos y zambullirme en los cinco platos del menú degustación (sesenta dólares).




Dunkin' Coffee






Cómo llegar



Los padres de Hansel y Gretel eran tan pobres que abandonaron a sus hijos en el bosque porque no podían alimentarlos. Los desamparados críos encontraron una casa hecha de chocolate y repleta de golosinas en la que se metieron a comer a dos carrillos. El refugio era un cebo de azúcar plantado por una bruja malvada para atraer a incautos pequeñuelos. Los adultos han utilizado esta fábula toda la vida para prevenir a sus hijos sobre las aviesas estrategias de los desconocidos: “No te fíes, la casita de chocolate parece un lugar chachi, pero en realidad es una trampa”, restando importancia a lo realmente terrorífico del cuento: “o sea, papá, que si las cosas te van mal y pierdes todo tu dinero, ¿me dejarás tirado en mitad del campo?”

De una u otra forma nos pasamos la vida controlando nuestras ganas de desfasar con el dulce. Cuando superamos los miedos infantiles (y las limitaciones económicas), sustituimos a la bruja por la báscula, y le echamos la cruz de por vida. ¿Quién no querría comer pasteles sin control y sin cargo de conciencia, con churretes por la cara y azúcar glasé en la punta de la nariz, aunque fuera por un día? Hace varias semanas, Dunkin’ resolvió para un grupo de blogueros esa fantasía común a todos lo mortales salvo a las modelos que, es cosa sabida, están famélicas de comer lo que se les antoja y de beber mucha agua. Nos invitó a visitar su obrador de Madrid que produce a diario, de forma casi artesanal, trece mil rosquillas (la palabra dónut es propiedad de otra marca en España) con o sin agujero. En cuanto crucé el umbral y el vapor de vainilla golpeó mi membrana pituitaria, empecé a salivar frenéticamente. El juego, nos explicaron, consistía en elaborar y decorar nuestros propios Dunkin’. “Comed lo que queráis”, nuestros anfitriones, lejos de actuar como centinelas mal encarados con los pasteleros novatos, nos jaleaban cuando reventábamos los bollos triplicando la cantidad de dulce de leche del relleno. Toppings a puñados, cubiertas tintadas de rosa; adultos urbanitas convertidos en infantes tragaldabas, felices y relajados. Aquello parecía el final de una película de los ochenta con Bill Murray de protagonista. Nos fuimos de allí con una docena de berlinas y roscas coloreadas, y una sensación de buen rollo tremenda. Engordan que es una barbaridad pero, oye, un día es un día.

Durante estas fiestas, en los Dunkin’ Coffee encontraréis rosquillas tuneadas de Navidad.



t. a. r. t. á. n.






Teléfono: 914027689


El tartán es la tela a cuadros que utilizan los clanes escoceses para identificarse y es también el nombre de un restaurante de Madrid; estoy convencida de que les dio corte ponerle directamente Burberry. Tartán es un restaurante pijo al estilo tradicional, pijo en su diseño (esmerado) y en su clientela (mucha mecha rubia y mucha camisa de rayas). Esto no es una crítica, es una mera descripción. Más aún, Tartán es uno de los sitios más bonitos en los que he comido últimamente; tiene una entrada fantástica y un comedor acogedor, espacioso, bien decorado y mejor iluminado. Por si fuera poco propone una cocina fusión nada rácana en la que reina por méritos propios una creación sorprendente: el pulpo salteado con alcachofa y jamón, olivada de aceituna negra, puré tibio de patata y pimentón, uno de esos platos con los que una fantasea cuando tiene el estómago (y la cabeza) tontona. Ignoraba yo cuando fui que Tartán pertenece al proyecto Cocina conciencia de la fundación Raíces. La integración social a través de la restauración no es ni mucho menos una idea novedosa. Le funcionó de maravilla a Luis Lezama, quien en los años sesenta fundó la Taberna del Alabardero para apartar de la vida dispersa a maletillas lesionados y terminó montando un emporio internacional que incluye la mitad de los garitos de la Plaza de Oriente. Otro ejemplo de recuperación de chavales marginales sometidos a la disciplina de trabajar entre perolas es aquel reality de chungos a los fogones que la recién nacida cadena Cuatro estrenó en 2005: Oído cocina estaba lleno de buenas intenciones y era, además, un programa de televisión excelente. Volviendo a Tartán, falla en los postres y en la oferta de vinos, monótona y orientada a sacarte los cuartos con marcas que no valen lo que cuestan. Pero en general es una opción estupenda si buscas plan por el Barrio de Salamanca. 


Estihana





Teléfono: 2125010393




Estihana es un restaurante de la calle 79 oeste, japonés y kósher, regentado por un madrileño padre de nueve hijos (“los que manda Dios”, dice él...) y residente en Nueva York desde hace veintitrés años. La carta incluye platos de inspiración latina, como un delicioso roll llamado Dynamite. 

Hanakura




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Teléfono: 914454691

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Japonés sencillo y baratito junto a la plaza de Olavide. Preparan okonomiyaki, la tortilla nipona propia de Osaka y de Hiroshima. 

Cisne azul





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Teléfono: 915213799

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A mí me dices Cisne azul y pienso en un garito gay de los ochenta o en un perfume empalagoso de señora mayor. Nunca habría asociado ese nombre al bareto que es y mucho menos, a su tapa estrella: las setas. Lejos de cualquier refinamiento se trata de un auténtico bar español de esos que tienen los días contados. Contrario a lo que pueda parecer, y aunque yo se la tenga jurada al plato cuadrado, no creo que sea ninguna desgracia que desaparezcan aquellos locales que se sienten orgullosos de echar serrín en lugar de coger la fregona, de tener la barra siempre pegajosa y de carecer sistemas de ventilación homologados por el simple hecho de ser “de aquí”. Algo más habrá que ofrecer para que los vasos rayados por la cal y el olor a fritanga incrustado en la ropa durante días merezcan la pena: un producto de primera, pongamos por ejemplo. Cisne azul siempre está de bote en bote: por algo será. La experiencia tradicional está garantizada, pero es que también deleita a sus clientes con una selección de las mejores setas de temporada. 

No ha llovido mucho desde el final del verano, no obstante los expertos aseguran que la cosecha de 2012 va a ser excelente. Podéis acercaros a la calle Gravina de Madrid durante todo el año, a disfrutar de los boletus y los lentinus, de los níscalos de otoño y de los perretxikos cuando llegue la primavera. O podéis aprovechar para hacer una excursión a Soria, donde hasta el día 30 de octubre se celebra la V semana de la tapa micológica.